QUIÉN SOY Y EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

lunes, 18 de mayo de 2020

¡DUELE TANTO!

¡DUELE TANTO!
Viví la fase del frenesí. Después llegó esa de la decepción, esta última parece que se ha instaurado de forma perpetua. Pero yo continuo en la extraña y visceral idea de insistir. Siempre quise entregarme, desnudarme sin quitarme la ropa y que me vieran. ¡No es fácil! Con los años adquirí la habilidad de no juzgar e intentar comprender en mis sentimientos a los demás; porque, aunque cada individuo es único en su especie, todos sentimos igual. El amor nos arrebata, nos hace bajar la guardia, caminamos por las calles con cara de bobos cuando creemos que de nuevo anda llamando a nuestra puerta. Todos sentimos la misma rabia cuando nos dañan, la misma ira cuando nos traicionan, el mismo desprecio ante la mentira que edificó una vida ficticia que dimos por buena. Todos, todos sentimos igual.
Después inicié el camino de la aceptación y no volver a preguntarme el por qué, ese por qué para el que no hayas respuestas que te introduce en un bucle de tristeza y autocompasión que no te permite avanzar. En ese trayecto decidí quedarme sola. No estaba lista para dar una oportunidad al amor y verlo de nuevo fracasar. ¡Fracaso! ¡Qué palabra más horrible! Ataca directamente a la esperanza, pues sabes que, aunque pongas toda tu buena fe, tu sacrificio y buen hacer el fracaso te recuerda que, aun haciendo todo eso con todas tus ganas y con toda tu fortaleza, la victoria nunca está garantizada. El fracaso siempre llega para recordárnoslo y a muchos arrebata el deseo de embarcarse, aun con miedo, antes siquiera de empezar. El miedo a fracasar es la gran fuente que alimenta la inacción.
Nunca reparé en que, por cada intento en enamorar y enamorarme, por cada aventura en la que quise dar todo lo mejor de mí, una nueva cicatriz profusa y que nunca cierra cincelaba un corazón que se retroalimentaba de ilusión. Ésa milagrosamente nunca la pierdo. Quizá sea la mayor fuente de energía que poseemos el ser humano para no rendirnos. Digamos que mi corazón es un conjunto maltrecho de mil pedazos sujetos entre sí con el celofán de la ilusión y la esperanza. La fe en el futuro, en lo que está por venir y la expectación de que, quizá, sea algo realmente bueno que desconocemos nos mantiene en pie caminando sin descanso.
Cuando por fin acepté que somos muchos los que deambulamos por la Tierra solos y sin compañero, pero ¡uno de verdad!, no un sucedáneo de amante que va de amigo y solo permanece un rato. ¡No! Hablo de ese compañero que se convierte en tu mejor amigo y que te quiere con tu peor cara, con tu alarido más cruel porque sabe que detrás del postureo de orgullo siempre aparece esa sonrisa tuya que dice, “todo está bien”. Hablo de esa persona especial que no tiene miedo a tu parte más oscura porque conoce perfectamente qué la provoca y de dónde surgió. Hablo de ese ser caído de la estrella más brillante que llegó a tu vida para colmarla de todo lo bueno que puedas imaginar. Hablo de ese amigo o amiga, amante, compañero o compañera que obtiene de ti, sin que te percates, lo mismo que te da y te convierte en la mejor versión de ti mismo que tú solo no hubieras esculpido con tal maestría.
Sé perfectamente lo que quiero. Así que dejé de vivir falacias de amor y me proyecté en ser mejor de lo que podía, mientras esperaba su llegada. Y si no llegara jamás, una nueva persona más enriquecida caminaría por el mundo obrando bien, o al menos, con la honesta intención de intentarlo con todas mis ganas.
Cuando di por perdida la carrera del amor apareció él. Y tal y como os digo me colmó de una felicidad jamás sentida, me permitió desnudarme sin quitarme la ropa, conoció mi parte más oscura y cuanto más me mostraba como soy sin prejuicio ni miedo, más se enamoraba de mí, y yo de él. Y entonces lo supe. Mi búsqueda por tantos años prolongada, por tanto tiempo postergada, había llegado a su fin.
Pero la vida injusta poseía otros planes para nosotros. No entiendo por qué se te concede la gloria por un instante para después arrebatártela. ¡Es de mala inquina! ¡Es tener mala hostia! ¡Es joder por joder!
Y de nuevo me hallo en la tesitura de volver o no a confiar en el amor que parece que se me niega por capricho. Miro a mi alrededor y observo esperanzada cómo hermosas personas a las que amo y admiro lo consiguieron, obraron el milagro de dar con su persona; pero eso también me hace preguntarme por qué la felicidad parece ser usufructo de otros, como si yo no la mereciera.
Sé que debo arrancarme tanto amor que siento por ese amigo y amante que se fue para dejar un pequeño hueco al que pudiera estar por llegar. He podido olvidar a todos y cada uno de aquellos que un día quise porque me hirieron o decepcionaron, pero ¿cómo olvidar a quien te cogió por la cintura y te llevó a las estrellas? No quiero olvidarme de él, pero su recuerdo, la imposibilidad de tenerlo a mi lado me está matando por dentro. Intento aprender del agradecimiento porque al menos no moriré con la ignorancia de saberme amada y de haber amado con total plenitud. Y aunque no cambiaría nada de lo vivido y decidido hasta ahora reconozco que mi existencia en el presente es un océano de frustración donde me ahogo porque ¡es tan injusto! Apenas hemos tenido tiempo de disfrutarnos y ya lloro su perdida.
Y me hallo en una nueva fase de la que no tengo pretéritas referencias. Un nuevo aprendizaje que imagino hará de mí una mujer más fuerte y sabia. Pero por dios ¡Duele tanto!